El barrio de Malasaña, Radio 3, la plaza del 2 de Mayo, el “viejo profesor” Tierno Galván, el Rock-Ola, Pedro Almodóvar, Nacha Pop, la Bola de cristal o Alaska son nombres que irremediablemente han quedado unidos a este movimiento y a la década de los 80 que intentaba traer las nuevas tendencias en una sociedad atrasada culturalmente respecto a sus vecinos europeos.
Pero ya en los últimos años del franquismo otro movimiento musical se fraguaba en los barrios de las grandes ciudades. Eran la gente del rock, del hard rock y del heavy metal. Con sus melenas y sus chupas de cuero jovencísimos músicos se juntaban, generalmente en los barrios obreros de las grandes ciudades para tocar y emular a sus ídolos del extranjero. Grupos como Asfalto, Topo, Leño, Ñu, Obús, Barón Rojo, Panzer o Niágara comenzaban a escribir la historia del rock en este país. Conocidos locutores de radio que aún hoy continúan en las ondas como Juan Pablo Ordúñez “El Pirata” o Mariscal Romero eran las voces de este movimiento, y sellos como Chapa, Zafiro o Barrabás sacaban las principales referencias de estos artistas. En Vallecas, la Elipa o San Blas crecía el movimiento, salas como Canciller y personajes como la “Abuela del Rock” se convertirían más tarde en mitos y referencia. Mientras la movida nacía y comenzaba su auge y esplendor Obús y Barón Rojo llenaban el Pabellón del Real Madrid, algo que se antoja impensable en la actualidad para grupos alejados de la comercialidad.
El boom de los grupos de la movida madrileña, con su pop y modernidad, fue apartando de la escena a los viejos rockeros y sus nombres se perdieron en la memoria, cayendo aun más en el olvido cuando a principios de los 90 llegaba el movimiento “grunge”.
A mediados y finales de los 90 hubo un resurgir de la escena y podemos volver a encontrar personajes de la época; algunos se reconvirtieron como Carlos Pina vocalista de Panzer y actualmente locutor de Radio 3, otros desaparecieron y han vuelto a recordar viejos tiempos tras años de ausencia como Julio Castejón (Asfalto) y otros se han mantenido todos estos años como los incansables Barón Rojo y Obús, el carismático José Carlos Molina al frente de Ñu o el mítico Rosendo considerado el padre del rock urbano, estilo tan peculiar en nuestro país, que a pesar del paso del tiempo cada vez más seguidores parece tener. Y precisamente han sido los principales referentes de este estilo en la actualidad los que han conseguido después de 20 años volver a llenar plazas de toros y pabellones deportivos.
El paso del tiempo parece haber olvidado a esos músicos paralelos a la movida, la gente de la “otra” movida parece ser un recuerdo exclusivo de la gente que vive en el mundillo del rock, pero a pesar de todo resistieron el paso del tiempo y ahí siguen y probablemente sigan dando mucha guerra, o más bien haciendo mucho ruido. Como ellos dicen “Los viejos rockeros nunca mueren”.
Multitud de grupos referencia fundamental tanto de la movida madrileña como del rock de los 80 no han sido nombrados pero si lo fuesen necesitaríamos folios y folios para al menos recoger lo más representativo.
El redescubrimiento de Madrid por los propios jóvenes como protagonista urbano y marco y escenario de la diversión juvenil, fue una de las características más peculiares para entender el hecho cultural que significó 'La Movida Madrileña'.
La ola de energía creadora liberada por los cientos de jóvenes que se lanzaban descaradamente a vivir Madrid y sus noches eran las dos caras de una misma moneda, la del mercantilismo y del hedonismo apolítico por un lado y por el otro la de la ruptura con todo el engranaje cultural de represión que significaron los cuarenta años de la dictadura franquista.
Sobre estos dos elementos se articularía 'La Movida Madrileña', desde las ansias de disfrute de una juventud, deseosa de poner en pie y usar plenamente de su libertad individual y de disfrutar colectivamente de ella, sin cortapisas ni represiones morales.
'La Movida Madrileña', propiamente dicha, viene precedida de una cierta rebeldía juvenil, que procedente de los barrios periféricos, va tomando cuerpo en el centro de Madrid. Bajar o subir al centro es todo un rito juvenil para muchos de estos jóvenes. Malasaña y Lavapiés se ponen de moda. Mientras ciertos barrios han vivido y vivirán su propia movida paralela, véase el caso mas significativo y peculiar del popular y combativo barrio obrero de Vallecas, transformado en aquellos años en Vallekas, con las actividades y 'movidas' entorno a su famoso 'bulevar'.
Ciertas zonas del centro se van convirtiendo en barrios dominados por la presencia de una juventud deseosa y hambrienta de nuevas diversiones, Malasaña será el barrio referencial, por antonomasia. Sus locales se pueblan de jóvenes que se divierten al ritmo de sus músicas, sin ningún complejo de culpa que les impida lanzarse al disfrute total.
Una cierta cultura alternativa irá tomando cuerpo, hija del 'underground' o de la contra-cultura heredera de los años sesenta y setenta de Norteamérica y de Europa. Los fanzines y los graffitis, dominan esta primera escena contra-cultural madrileña. El Rastro, cerca de Lavapiés, es su punto de referencia y 'La Bobia' su punto de encuentro.
En este ambiente cultural juvenil y efervescente pronto surgirán sus fotógrafos (Ouka Lele, Alberto García-Alix, Gorka de Duo...); sus pintores y dibujantes (Ceesepe, 'El Hortelano', Guillermo Pérez Villalta, el dúo Costus, Nazario...); sus músicos (Radio Futura, Tequila , La Unión, Nacha Pop, Los Secretos, Aviador Dro, Burning, Leño, Alaska y los Pegamoides, Tino Casal, Joaquín Sabina, Golpes Bajos, Los Nikis, Los Toreros Muertos, Gabinete Caligari, Parálisis Permanente, Las Vulpes, Derribos Arias, Glutamato Ye-ye, Mecano...); sus cineastas (Pedro Almodovar, Fernando Trueba, Fernando Colomo, Iván Zulueta...); sus escritores (Gregorio Morales, Vicente Molina Foix, Luis Antonio de Villena, Javier Barquín, José Tono, Luis Mateo Díez, José Antonio Gabriel y Galán, José Luis Moreno-Ruiz, Ramón Mayrata...) y hasta sus cronistas al socaire de algunas revistas como 'La Luna' o el comic 'Madriz' editado por el Ayuntamiento de Madrid.
El punto de inflexión se estaba alcanzado, se había enterrado la casposa y represiva cultura franquista y había surgido otra, juvenil y muy dinámica, más acode con los nuevos tiempos, moderna y muy presentable en el exterior, cerrando definitivamente esa imagen de pandereta de nuestro país dada durante tantos años por el franquismo.
Aunque nacida en Madrid, 'La Movida' pronto se extendió miméticamente a otras ciudades, que presenciarían su propia movida, como es el caso mas señalado de Vigo en la gallega Pontevedra.
Pasados ya más de veinticinco años de su surgimiento, es quizá ahora cuando comienza a hacerse la historia de un momento en el que comenzábamos a vivir en libertad y a experimentar con ella.
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